29 de agosto de 2012

Un cuento de Paulo Coelho

Un hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados. Pero el hombre no se había dado cuenta de que ya había abandonado este mundo y prosiguió por su camino con sus dos animales (aveces los muertos tardan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición...). La carretera era muy larga, colina arriba el sol era muy intenso y ellos estaban sudosos y sedientos. En una curva del camino vieron un magnífico portal de mármol que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro, en el centro de la cual había una fuente de donde manaba agua cristalina. El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada.

-Buenos días

-Buenos días -respondió el guradián-

-¿Como se llama este lugar tan bonito?

-Esto es el cielo

-Que bien que hayamos llegado al cielo porque estamos sedientos

-Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera. Y el guardían señaló la fuente

-Pero mi caballo y mi perro también tienen sed...

-Lo siento mucho -Dijo el guardían- pero aquí no se permite la entrada a los animales.

El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchisima sed pero no pensaba beber solo; dió las gracias al guardián y siguió adelante.

Después de caminar un rato cuesta arriba, ya exhaustos, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada con una puertecita vieja que daba a un camino de tierra rodeado de arboles. A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado con la cabeza cubierta por un sombrero. Posiblemente dormía.

-Buenos días -dijo el caminante-

El hombre respondió con un gesto de la cabeza.

-Tenemos mucha sed yo, mi caballo y mi perro.

- Hay una fuente entre aquellas rocas -dijo el hombre, indicando el lugar-

-Podéis beber tanta agua como queráis -le respondió-

-A propósito ¿Como se llama este lugar?

-Cielo

-¿El cielo? ¿Si? Pero si el guardián del portal de marmol me ha dicho que aquello era el cielo!

Aquello no era el cielo, era el Infierno, contestó el guardián .

El caminante quedó perplejo ¡Deberás prohibir que utilicen nuestro nombre! Esta información falsa debe de provocar grandes confusiones! ¡De ninguna manera! en realidad nos hacen un gran favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos.

Autor: Paulo Coelho

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